Falsos héroes

Intrépida aventura de Calparsoro que muestra una cinta con ingredientes bélicos y conspiratorios aderezados con la pretensión de retratar una historia sobre la verdad y la justicia. ‘Invasor’, proyectada en el SEFF´12 dentro de la categoría Special Screenings, recrea el trillado tema americano del individuo contra el estado con buenas dosis de acción pero lejos del ritmo de ‘Celda 211’, pese a contar con el mismo equipo de producción. El trabajo de sus actores principales de lo más destacable.

InvasorThriller, España, 2012, 99 min. Dirección: Daniel Calparsoro. Guión: Javier Gullón y Jorge Arenillas. Intérpretes: Alberto Ammann, Antonio de la Torre, Inma Cuesta, Karra Elejalde. Música: Lucas Vidal.

Pablo (Alberto Ammann) y Diego (Antonio de la Torre) son dos soldados españoles en la guerra contra Irak de 2004, ambos escapan de un atentado en el desierto y logran salvar la vida tras un episodio sangriento que les perseguirá al ser repatriados. Ya en España, un agente del Ministerio del Interior, Jesús Baza (Karra Elejalde), dirigirá un operativo para asegurarse de que la verdad de aquellos hechos no salga a la luz.

Calparoso (Barcelona, 1968) exhibe una historia con misiones humanitarias que no son tales, de políticos que limpian su basura con más basura y donde los errores se disfrazan de hazaña. Su relato no descubre nada y lo peor es que sólo se sostiene con las interpretaciones de Elejalde y de la Torre, principalmente. Ammann aprueba sin alcanzar los matices de ‘Celda 211’ e Inma Cuesta vuelve a cumplir en un personaje secundario pero sin lograr dar el contrapunto hogareño necesario a las secuelas que sufre su marido.

Del desierto iraquí (rodado en Canarias) a los bosques y el mar de Galicia mediante unos flash-backs a veces abruptos y prescindibles a través de un montaje poco sutil y, sobre todo, mediante un empleo abusivo de una música con escaso valor semántico y un uso hiperbólico de los efectos sonoros que, por momentos, parecen situarnos en un tráiler continuado. Intenso ritmo en las escenas bélicas y en las persecuciones, con variedad y riqueza de planos y un uso de la cámara a menudo efectista y banalizado.

Pretensiones no logradas representadas en el uso de la sangre en la cinta. Escenas de sangre como signo cruento y de lucha, así como la intención de mostrarla como símbolo de vida y unión entre culturas con una forzada escena  pictórica que encara a asesino y asesinado.

Un quiero y no puedo que, además, subraya estereotipos sobre los soldados. Jóvenes violentos sin sitio en la sociedad sólo capaces de revelarse en la figura de Pablo Garre, capitán y médico de formación, que renuncia a su estado de falso héroe para revelar una verdad sucia y dolorosa que no interesa a un gobierno vigilante y todopoderoso que no duda en quebrantar las leyes por su propio interés. El fluxus final de Elejalde, para enmarcar en los programas de selección de escenas con carisma.

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