Elecciones del despotismo iletrado

Hoy podría sentirme sorprendido, indignado, desorientado, cansado. Y así me siento. Elegiría no estar así pero no tengo elección. Lo grave es que esas sensaciones han dejado de ser tales para convertirse en estados de ánimo permanentes. Sensaciones inestables que han alcanzado estabilidad. Sentimientos propios de crisis, de cambios, que ahora son regulares y se normalizan cada vez más por decreto ley.

Podría decir que estoy harto. Como los 832.678 gallegos que se han abstenido de votar, de elegir. Como los 38.410 que han votado en blanco. O como los 1.082 que han dado su papeleta a la formación Hartos.org. Pero la papeleta en Galicia es que el Partido Popular, la formación que está desmontando el estado del bienestar, que está cercenando la democracia en nuestro estado y que está aumentando la brecha social, ha renovado y aumentado su mayoría absoluta con 653.934 votos. Sí, casi 200.000 mil menos que los que se han abstenido de ejercer su derecho. Es decir, del electorado gallego sólo el 63,8% ha acudido a las urnas, y la decisión de menos de la mitad de esos votantes (47,72%) bastará para controlar al 100% de su población. Se les llena la boca hablando de democracia, de libertad y de “pintar el verdadero mapa político de las autonomías”. Será suficiente con que luego a nivel municipal presenten cuatro mecanismos atractivos de “participación ciudadana” basados en redes sociales y nuevas tecnologías, meros elementos de escaso valor consultivo para diletantes políticos de barrio o activistas secularizados, y nos digan que velan por la pluralidad, la diversidad y los intereses de los ciudadanos.

Hasta 26 formaciones han recibido algún voto en Galicia, sin embargo, no ha sido posible tumbar el bipartidismo pseudodemocrático reinante. En el País Vasco, cinco son las formaciones que se han repartido los votos y aquí sí ha irrumpido un partido político entre los colosos PP y PSOE, ambos castigados por los nacionalistas. 276.989 vascos han elegido EH BILDU para que los gobiernen, el 25% de quienes votan. Como 600.000 personas en Cataluña siguieron el camino marcado por los neocon con el argumento de enarbolar su bandera. Economía, patria, odio, amor, dolor, rencor, desazón, tedio, historia, aburrimiento, lenguaje, libertad, venganza, romanticismo, etc. Un mapa de intereses y conceptos que nublan la vista y el sentido, que estorban para elegir. Castigo a los socialistas dirán estos, soberanía vasca dirán esos, y justicia y libertad o desigualdad y oportunismo dirán aquellos. Partidos, banderas, discursos que elegir. Elegir a los de las manos manchadas de sangre, elegir a los nuevos demócratas, elegir a los viejos fascistas, elegir a los viejos liberales, elegir a los nuevos progresistas, a nacionalistas, a los de la España una, grande y libre, o los de las dos, las tres, las cuatro o las 17 españas.

Elegir votar o elegir no votar. ¿Qué mas da?, piensan muchos si no podemos elegir cambiar. Si ya Mariano tiene vía libre para someter el país al Cuarto Reich, ¿qué mas da? Si Báñez se ha cargado los derechos de los trabajadores y Wert los de los estudiantes, ¿qué mas da? Si a las puertas de un paraninfo durante un acto solemne hay miles de estudiantes clamando contra los recortes en la enseñanza pública y somos rectores y catedráticos conscientes de la pérdida de autonomía de la Universidad pero ataviados con togas, mucetas y birretes podemos seguir oyendo el Gaudeamus Igitur y sonreír, ¿qué mas da? Si los políticos pueden poner cortapisas a las manifestaciones y limitar el derecho a la información ¿por qué se van a empezar a preocupar de los ciudadanos pudiendo seguir peleándose entre ellos por el número de butacas que trincarán esta vez? Si tienen a la ciudadanía perfectamente segmentada en mil taxonomías de temáticas y colores y no hay peligro de que se unan ¿por qué iban los políticos a temer? Si hay tantas cosas donde elegir que no tenemos tiempo para decidir ¿por qué iban a preocuparse? Si son impunes, sobrevalorados y todopoderosos y no hay crisis por cruel que sea que tambalee su privilegiado status quo ¿por qué temer que alguien se despierte? Si todo es legal, justo, democrático y constitucional ¿por qué asustarse con unas absurdas elecciones si son cualquier cosa menos el acto de elegir?

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