Contradicciones olímpicas

Terminaron las olimpiadas pero regresan los juegos, las apuestas, las declaraciones cargadas de malaleche, los dedos en los ojos, el fútbol. En los últimos días Londres albergó los XXX JJOO, un evento internacional que sirvió para que nuestros preciados dirigentes se tomaran unas merecidas vacaciones y el español medio tuviera algo que hacer en casa durante sus “vacaciones”. Aprendimos que somos una potencia mundial en deportes, vigésimo-primeros en el medallero –ya nos las apañaremos para colarnos en el g-20-, y demostramos que Madrid merece sus juegos, aunque no se invierta en deportistas y las mujeres y los deportes minoritarios salvaran la situación.

Se lograron 17 trofeos olímpicos, casi tantos como incendios asolan nuestro país en estos días. Son pocos para lo invertido en ellos, me refiero a los incendios; o son muchos para lo invertido en ellos, me refiero a las medallas. Los cuartos puestos, los diplomas, las actuaciones meritorias… lamentables excusas para cubrir un pírrico botín. Resulta que no somos la gran superpotencia en deportes que creemos ser cada lunes cuando leemos un periódico o vemos las noticias del tiempo de deportes. “Soy español ¿a qué quieres qué te gane?”, ese eslogan propagandístico y chauvinista que no he oído mucho en los últimos días. Chauvinismo que sí he podido apreciar en el espíritu olímpico británico. Los juegos son una ocasión para abrirse al mundo, para presentar tus bondades y aprehender las de otros. Pero los british son muy suyos y no dejaron pasar la ocasión de decirles al mundo con las ceremonias de apertura y clausura que son muy inteligentes, muy listos y muy importantes. Ellos se lo guisan y ellos se lo comen, 65 preseas y tercer puesto en el medallero, es su mejor marca desde Londres 1908, lejos queda ya el pobre guarismo de 20 medallas en Barcelona 92. También nos dijeron que son unos grandes organizadores y anfitriones pese al vacío generalizado de las gradas durante estos juegos. Curioso.

Como curioso es el caso de las primas. Resulta llamativo que Corea del Sur pague 240 euros por medalla de oro y logren 13; que EEUU ofrezca 16.500 euros por oro y consigan 46; que China recompense a sus medallistas de oro con 41.000 euros y obtengan 38; y que España prime el oro olímpico con 94.000 euros y coseche sólo tres. Recordemos que cada jugador de la selección española de fútbol se embolsó 600.000 euros por ganar la Eurocopa. ¿Descriptivo? ¿contradictorio? ¿ejemplar? ¿Va a ser que al final la mercadotecnia también va a inundar un espacio puro y de valores humanos como los juegos olímpicos?

Unda, García, Craviotto, Alabau, Fuentes, Carbonell, Yagüe… ¿aún los recuerdan? Para ellos no habrán autobuses descapotables mientras se agarran un buen ciego por las calles de Madrid. Después de que los alcaldes de sus localidades se hagan la foto con ellos y repartan unos canapés (a cargo del cátering regentado por el hermano de algún concejal), caerán en el anonimato y casi nadie los alentará. No deberíamos olvidar que millones de españoles vibraron con el combate del judoka Uriarte, otros siguieron los disparos del tirador Jesús Serrano o se emocionaron con la selección femenina de balonmano. Disciplinas olvidadas con escaso respaldo social y económico pero que en los juegos olímpicos son capaces de saborear la misma gloria que puedan sentir auténticas leyendas como Bolt, Rudisha, Phelps o artistas como Epke Zonderland o el equipo ruso de gimnasia rítmica. Grandioso.

El aficionado español al deporte es capaz de apasionarse por sus deportistas y disfrutar con cualquier disciplina, olímpica o no, porque la pasión por el deporte surge desde valores naturales que nada tienen que ver con los patrocinadores, las televisiones o las subvenciones y programas de becas. Contradictorio es que Rajoy acuda a la final de la Eurocopa de fútbol con su país en quiebra y diga que es su deber como presidente y que no apoye, al menos con su presencia, a los deportistas menos glamurosos pero también españoles. Contradictorio es que el rey Juan Carlos cene con Nadal mientras en Londres hay jóvenes compitiendo por una bandera con su escudo familiar. Curioso es que tve sólo muestre a su esposa, su hijo y su nuera cuando celebran algún gol. Bien por el técnico en zona mixta.

Contradictorio es el interés por el deporte de Wert, Rajoy, Aguirre o Gallardón y su don de la ubicuidad cuando la consecución de la Eurocopa y su invisibilidad con los deportistas olímpicos. Contradictorio es decir que España apuesta por el deporte y presenta un presupuesto endeble para Londres 2012 al tiempo que permite a los clubes de fútbol una deuda superior a los 700 millones de euros. Contradictorio es que el Piragüismo, un deporte que en España apenas cuenta con unas 15.000 fichas federativas y menos de tres millones de presupuesto logre tres medallas olímpicas y cinco diplomas, y que ni Tenis ni Fútbol suban al podio.

Y es que el caso del fútbol es muy contradictorio. Considerados héroes nacionales hicieron el ridículo en las islas británicas. Además, dejaron una lamentable imagen muy alejada del fair-play y el espíritu olímpico. Además, no van los mejores sino jugadores sub-23 a diferencia del resto de deportes cuando los juegos son un espacio reservado para la consecución de récords, para escribir páginas doradas del deporte mundial, para superarse. Para mí que Gómez Noya tenía razón y este fútbol sobra en los juegos, por mucho que los mexicanos celebraran el oro como si de un mundial se tratase.

El caso del basket también ha creado bastante polémica. Una generación única y estelar ha conseguido una muy meritoria medalla de plata perdiendo en la final contra los casi invencibles americanos. Un Dream Team donde juega Lebron James, el Cristiano Ronaldo del baloncesto. Un jugador único, un portento que por sus aptitudes es capaz de ganar partidos y lograr campeonatos pero que está a años luz de la magia de Jordan, Jonhson, Bryant o Durant, igual de lejos que Ronaldo está de Messi. Volviendo a la ÑBA, hay que decir que nos regalaron un partido memorable pero, sinceramente, preferiría haberlo visto en semis y volvernos con el bronce antes que traernos la plata y socavar la hasta entonces impecable imagen de nuestro baloncesto. El biscotto ante Brasil no es digno de una selección Premio Príncipe de Asturias, tan laureada y encabezada por el inigualable dentro y fuera de las canchas, Pau Gasol. Se equivocaron. Faltaron al deporte y al espíritu olímpico. Lo peor es que muchos creen que les salió bien y que hicieron bien.

Mirar a otro lado. Vuelve el fútbol. Empieza el negocio. Los domingos acudiremos a los estadios en masa y por la tele seguiremos a nuestros líderes –Alonso, Nadal, Lorenzo-, como nos enseñan nuestro políticos. Seguir al líder. Hacerse la foto. Cantar yo soy español, español cuando ganemos y a cambiar de canal cuando perdamos. Manga ancha con los morosos del mercado del fútbol y reducción de ayudas a deportes minoritarios. Nadie irá a los polideportivos y las piscinas a ver a los medallistas. Pronto los habremos olvidado. Promocionar el deporte, sufragarlo, educar con deporte, programar espacios de deportes minoritarios en prime-time televisivos, inculcar entre las niñas la importancia de los valores deportivos, crear un sistema con infraestructuras donde el deporte sea un modo de vida y de empleo, de cultura y de valor… qué pereza dirán unos, qué iluso dirán otros, qué contradictorio pensarán muchos con los pingües beneficios que deja el fútbol. ¿Las medallas? Bahh, eso es más político que deportivo vomitarán otros. Ya se pasará el sonrojo. Aunque mientras dure la crisis y los inversores sigan apostando por el oro, los carteles amarillos y negros que inundan nuestras calles nos seguirán recordando que todos lo quieren y muy pocos lo tienen: ¡Compro Oro! ¡Compro oro!

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4 comentarios en “Contradicciones olímpicas”

  1. Fernando Says:

    Aciertas completamente cuando afirmas que un aficionado al deporte es capaz de emocionarse con cualquier disciplina, sea más o menos conocida por el gran público o promocionada por los medios.
    Por eso para un aficionado al deporte, aunque sea al deporte pasivo, al televisado, los Juegos Olímpicos constituyen lo máximo de lo máximo, un auténtico manjar que sólo se puede catar cada cuatro años, un verdadero tesoro, y por eso le queda siempre a uno esa sensación de vacío después de cada clausura de unos Juegos, y mientras está viendo cómo se apaga el pebetero o se arría la bandera olímpica no hace más que pensar qué acontecimientos deportivos están más próximos y servirán para desquitarse de esa sensación; por las fechas en las que se celebran los Juegos, esos eventos siempre suelen ser los mismos: la Liga, la Vuelta a España, el US Open… No son absoluto comparables a unos JJOO, pero ayudan a matar el mono.
    En fin, que tu entrada me sugiere muchos comentarios, pero no quiero extenderme demasiado. Básicamente quiero lanzar un mensaje más o menos positivo y quedarme, como suele decirse, con el vaso medio lleno. No me parecen pocas 17 medallas. Seguimos moviéndonos en la horquilla post-Barcelona, y el número de diplomas (creo que 31), y especialmente el de medallas de chocolate o cuartos puestos (ocho), nos demuestra que perfectamente, con un poco más de acierto o suerte, o las dos cosas, podíamos haber superado la cifra mítica de las 22 preseas de Barcelona.
    Es decir, que quienes apostaban, antes de los Juegos, por 20 medallas o incluso más, no iban muy descaminados, pero es que en una gran competición como son los Juegos siempre hay que tener en cuenta imponderables que reducen las expectativas. Ahí están las fatídicas lesiones de Nadal, Samuel Sánchez, Santi Freixa, Pol Amat o Freire, o la sanción a Contador, que, justa o no, nos privó de nuestro mejor ciclista. Simplemente esas bajas rebajaban al mínimo las opciones de medalla en dos deportes tan fructíferos para nosotros y que tanta atención acaparan en los medios a lo largo del año como el ciclismo y el tenis, y aun así, pudimos haber tocado metal en ambas disciplinas. ¡Ay si Feliciano y Ferrer hubieran ganado uno de los tres puntos de partido que tuvieron en su semifinal!
    Pero es que ahí está la clave: nuestro deporte triunfa muchos fines de semana, es cierto, pero es gracias a unos deportistas muy concretos: los grandes trofeos los acaparan unos pocos: los Nadal, Contador, Alonso, Lorenzo, Pedrosa…, y encima estos tres últimos disputan deportes que no son olímpicos (por cierto, ¿para cuándo las motos y la Fórmula 1 a los Juegos? Seguro que ascendíamos unos puestos en el medallero…).
    Bromas aparte, los triunfos de esos grandes deportistas no dejan ver el bosque que hay detrás, y nos confunden a los aficionados. Pensamos que el deporte se reduce a Roland Garros, el Tour o la Copa Davis, y luego vamos a unos Juegos y vemos que no es así, que el Deporte no es sólo eso, pero afortunadamente también vemos que el paisaje que queda tras esos robles tampoco es un desierto ni está desolado, que hay una armada de deportistas de los que podemos sentirnos orgullosos y que son los que año tras año acumulan medallas en europeos y mundiales casi sin que nos enteremos. Impresionaba leer el palmarés de cada uno de ellos en la guía Marca de los Juegos. Cuántos campeones anónimos de Europa y del mundo teníamos en nuestras filas. Son ellos los que verdaderamente marcan el nivel del deporte de un país, porque aunque hubieran podido competir Nadal o Contador, ¿cuántas medallas más hubiéramos ganado? ¿Dos o tres? Las 17 y los 31 diplomas los tenemos gracias al piragüismo, la vela, el taekwondo, la natación, etc. No me parece justo que desde los medios de comunicación se minusvaloren esas medallas por ser de deportes “minoritarios”; de entrada, porque esa condición se la deben precisamente a nosotros, a los periodistas. Igual que existe el tópico del poder igualatorio de la muerte, debería existir el del poder igualatorio de los Juegos, que concede a todas las disciplinas su sitio.
    En fin, me estoy enrollando demasiado. Evidentemente ha habido fracasos sin paliativos, como el fútbol y el atletismo, pero ellos no nos deben hacer caer en el derrotismo, el fatalismo y la crítica indiscriminada. Somos expertos en pasar de la euforia (el triunfo de la Roja en la Eurocopa) al abatimiento sin solución de continuidad, y creo que no debemos caer ni en un extremo ni en otro.
    Y mientras dejamos que los resultados de Londres 2012 vayan reposando como si fueran un bizcocho para que luego podamos saborearlos mejor, ¡que pase ya la Vuelta o el US Open, por favor, algo que nos calme el apetito de deporte del bueno!

  2. Miguel Ángel Says:

    Gran artículo Juanma. Desgranas todo con mucho detalle y haces un análisis bastante bueno de los pros y contras de los pasados juegos. Sin duda, no tiene desperdicio. Espero que sigas ilustrándonos con estas reflexiones.
    Ahora llegan los paralímpicos, ¿se hablará tanto? ¿tendrá tanta repercusión?, creo que no. Una pena. Ellos si que representan el verdadero espíritu olímpico.
    Lo dicho, genial tu post. Un abrazo 😉


  3. Gracias, Miguel. Por supuesto que no se hablará casi nada de los Paralímpicos, al menos en España. El día que se les de hueco y ocupen los minutos importantes de nuestras televisiones viviremos en una sociedad sana y amante del deporte. Un abrazo.


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