La materia

¿Se ha preguntado alguna vez que es la materia? Un lego como yo, tras mirar al horizonte tres segundos, podría concluir diciendo: las cosas. Pero parece ser que es mucho más que las cosas… No es que la materia me quite el sueño, pero suelo caer en ese laberinto cuando divago sobre el origen de las cosas, su evolución, el devenir… Sí, a veces lo hago. Entonces quedo embobado observando un botón, un bolígrafo, un vaso o un smartphone. Ni siquiera logro hallar respuestas mirando a esos objetos, imaginando su formación, sus formas, pero supongo que me lo tengo merecido por querer pensar por encima de mis posibilidades. Después de apuntar tan alto y fracasar vienen las crisis, ya lo dice Rajoy. Tal fue el caso de un tal Gauguin, quien según el mismo, trató de suicidarse tras acabar su obra más reconocida ¿De donde venimos? ¿Quienes somos? ¿A dónde vamos?

Hace unas semanas una noticia científica robó el protagonismo a la prima de riesgo, al FMI y al BCE, a los Juegos Olímpicos, a Merkel, a los conflictos armados y hasta al mismísimo fútbol siendo portada en todos los informativos de España y el extranjero, se había descubierto el bosón de Higgs. ¡Casi ná! Tantas horas en el limbo, tantas paredes de aulas observadas hasta el mínimo detalle, tantas miradas por la ventana sin destino claro, tanto llevar la mano al cuello, la frente o la nariz y, de repente, todo eso se podía acabar. La solución para esas pesquisas inútiles sobre la materia había llegado. Tras oír, leer y ver decenas de explicaciones y no entender nada, a los torpes como yo nos lo han resumido en la siguiente frase: “un casi nada que lo explica casi todo”.

Suena raro, inquietante, asombroso. Pero de momento sigo buceando en mi nada y en mi todo particular sin hallar respuestas, aunque quizá no las busque realmente y prefiera recluirme en mi ignorancia. Además del tema este del Higgs, otra noticia científica acapara protagonismo estos días en nuestro país. Se trata del grafeno, un componente revolucionario para la tecnología que podría incluso transformar el Silicon Valley en el Grafeno Valley. Los muchachos y muchachas (añadamos aquí el redundante giro femenino para evitar suspicacias) que allí trabajan seguro que cuentan con una idea más concreta que la mía sobre la materia, aunque apostaría a que también ellos son capaces de visitar el limbo con cierta frecuencia.

Me maravilla ver y no saber por qué cuatro ruedas soportan el peso de un camión, porque los acorazados no se hunden o por qué vuelan los aviones. También alucino con las formas que adquiere el petróleo, con las virguerías que pueden hacerse con cristal o con el deterioro progresivo de mi rostro. Me distraen y apasionan además otras cosas como, por ejemplo, el lenguaje, las palabras. Pero también ahí está la materia con múltiples formas, así, podemos oír hablar de la materia jurídica, de materia política o en materia económica. Y es que el lenguaje resulta ser materia, como el bosón de Higgs. Pero es que el bosón de Higgs, pese a ser un casi nada y explicarlo casi todo, además enriquece nuestro vocabulario, nuestro lenguaje. ¿Quiénes de ustedes sabía lo que era un bosón antes de esta noticia?

Materia, materiales, formas… qué cosa. Pero la cosa es que no sólo son cosas, también somos nosotros. Isaac Asimov sabía lo que se hacía cuando escribió Yo, robot, título que suena a Yo, materia pero que en realidad es equivalente a Yo, persona. Como puede verse también accedo al limbo fácilmente vía lenguaje. Por cierto, el DRAE dice que bosón es una partícula elemental que ejerce la interacción entre fermiones. Está claro, ¿no? Lo que decía al principio, a veces me pongo a divagar sobre el origen del ser humano y me embarranco en pensamientos sobre de qué estará hecha la cortina. De las personas a la materia y viceversa. Pero me quedo tranquilo sabiendo que no soy el único. Las humanidades y las ciencias también acostumbran a enredarse. Es el caso de la literatura y la física en uno de los mejores libros del francés Michel Houllebecq, que curiosamente se titula Las partículas elementales, materia vaya. Una apasionante historia sobre las crisis humanas y sus conexiones científicas, un intento de comprender cómo funciona el ser humano, qué sustancias rigen su comportamiento. Extrañas relaciones de proximidad y distancia entre aspectos tan cercanos y alejados a la vez, como las personas. Por cierto, el libro me lo regaló mi cuñado francés, buena gente, inteligente, noble y, además, francés. ¿De qué estarán hechos los franceses?

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