Diario de un joven periodista (día 1.704)

Cuando era pequeño me acostumbraron a esforzarme si quería lograr algo. Un poco, suficiente, bastante, mucho o muchísimo y en función de ese esfuerzo recibía un premio, una recompensa anhelada. Cuando era pequeño iba al colegio y esos premios tomaban forma de calificaciones escolares. No solía recibir regalos caros, viajes a Eurodisney u otro tipo de premios que otros compañeros recibían de sus padres y a mi me parecían inalcanzables, a veces, habiéndome esforzado incluso más que ellos y habiendo obtenido mejores notas. No me parecía justo el sistema de remuneraciones para unos y otros pero supongo que sería porque era un niño y no lo comprendía todo. Con una buena hoja de servicio yo lograba otras cosas: tiempo libre en verano, permiso para jugar en un equipo de fútbol o ir a la playa, más tiempo con la videoconsola el fin de semana y, sobre todo, satisfacción, bienestar por superar las pruebas, conseguir los objetivos y estar listo para el siguiente reto. Eran distintos baremos, el de mis padres y el de otros padres, pero al fin y al cabo era un sistema que respondía a una relación causa-efecto de esfuerzo-recompensa.

Hoy ya no voy al colegio, ya se terminó. También terminé el instituto, la licenciatura, los cursos de formación profesional, el postgrado universitario. También hice prácticas de empresa y fui becario, sin remuneración, con palmaditas en la espalda o con algunos euros a final de mes. Di todos los pasos marcados para presentarme ante el mercado laboral habiendo dedicado grandes esfuerzos y dispuesto a recibir mi recompensa, un trabajo acorde con mi formación y dignamente remunerado. Corría el año 2006 y esa relación causa-efecto existía, pero ya advertía grandes desigualdades entre compañeros de distintas empresas y entre miembros-estrella y miembros-peones de una misma empresa. No me parecía justo el sistema de remuneraciones para unos y otros pero supongo que sería porque era un recién llegado y no lo comprendía todo.

Por cierto, soy periodista y en mis años de facultad y siguientes se pregonaba la necesidad del periodista-todoterreno. No bastaba con aspirar a ser un plumilla, ahora había que saber locutar, filmar, tomar fotografías, editar vídeo y hablar idiomas. Una vez más acepté el reto y me dispuse a ello. Nos vendían que los estudios universitarios no eran suficientes: fp como editor de vídeo y cámara, cursillos de locución, módulos de protocolo y periodismo de gabinetes y una estancia en Europa para hablar inglés, conocer gente y convivir con hijos de otros padres, ver otros lugares, probar otras comidas, ver otros modelos de vida y enriquecerme como persona y como profesional. Cada vez parecía más completo, más preparado. Siempre alerta de no adquirir el virus de la titulitis no me desvinculé nunca del mundo laboral y compaginaba trabajo y post-formación. El tiempo pasaba y, pese a acumular más experiencia y trabajar en distintos ámbitos del periodismo –productoras, gabinetes, prensa, etc.-, observaba que los salarios y las condiciones laborales empeoraban por momento. Sin embargo, las jornadas como camarero (imprescindibles en mis años de estudios) eran cada vez más habituales y necesarias para subsistir. La relación esfuerzo-recompensa iba chirriando en mis oídos y en mi estómago de manera estridente. Entonces estalló la crisis mundial, claro, tenía que haber una explicación que me hiciera comprender porque me resultaba injusto y fallido ese sistema de remuneraciones.

El producto informativo se devaluaba, la verdad parecía no interesar a nadie, los medios repetían y vociferaban los mensajes emitidos desde lo alto de la pirámide donde habitaban y habitan los dueños del universo. Ellos no habían visto alterado su sistema de remuneraciones, más bien al contrario, la relación esfuerzo-recompensa se desequilibraba claramente a su favor. Para el periodista eran tiempos de reciclaje, de reformarse o morir, de pintar el taller mientras no entraran coches, de no quedarse de brazos cruzados. Invertí esfuerzo y dinero en hacer un postgrado universitario en comunicación, la repera. Estaba en la fase de post-post-formación. Sabía que era algo que los gestores de las empresas informativas no valoran, sino que más bien desprecian. Un peón que vuelque teletipos, corte y pegue textos o haga periodismo corporativo no necesita tener un pensamiento crítico tan activo, porque podría plantear otras formas de trabajar, exigir otras condiciones a medio plazo o, lo que es peor, intentar hacer periodismo de investigación cuando no hay tiempo ni dinero para eso. Sabía todo eso pero no obstante decidí emplear ese tiempo y esfuerzo en algo que me motivaba e interesaba. Pese a seguir con algunas colaboraciones periodísticas, el sector de la hostelería volvía a ser la columna vertebral de mi economía.

La verdad no interesaba a nadie, no era rentable ni conveniente buscarla. Las relaciones institucionales, el márketing y la propaganda se convirtieron en los ejes del periodismo y el resultado todos lo conocemos. La nueva situación exige amoldarse a otras circunstancias, suenan sirenas a favor del periodismo de especialización y de ofrecer trabajos refinados y de calidad (pensaba que esto siempre debería ir de serie). Especialización y calidad, además de ser experto en redes sociales, ponerse al día en comunidades virtuales, tener un espíritu emprendedor y profundas nociones de economía, grandes dosis de optimismo, saber venderse, (no basta con elaborar el producto informativo, también hay que colocarlo), ser empresario, etc. Asistimos a esta nueva revolución periodística en medio de continuos EREs, despidos, reducciones de presupuestos, desaparición de medios… un contexto desalentador de sálvese quien pueda en el que cada vez vislumbro menos esa vieja relación entre el esfuerzo y la recompensa. Una feroz competición en el que el nepotismo, las influencias o los favores se erigen a menudo más efectivos que el trabajo duro para subsistir en el periodismo actual. No me parece justo ese sistema de remuneraciones para unos y otros pero supongo que será porque creo en hacer las cosas bien y no lo comprendo todo.

¿Será que estamos en un sistema injusto, desigual y devorador de los más débiles? Banqueros, jueces, políticos, aristócratas y empresarios han demostrado que son avariciosos, corruptos, irresponsables, inútiles y ricos, muy ricos. Tomaremos nota de las nuevas necesidades de la profesión, las atenderemos y dominaremos y estaremos preparados para adaptarnos a otras nuevas que vengan, siempre seré alumno y no me importa. Pero lo más importante es acoplar estas nuevas herramientas a unos pilares sólidos que nunca debieron alejarse de nuestra profesión: el rigor, la transparencia, la precisión, la calidad y la ética. Trabajaré duro mientras tanto con colaboraciones ridículamente remuneradas, trabajando en proyectos que aún no tienen financiación o investigando sobre asuntos por los que quizá nadie esté dispuesto a pagar. Haré eso hasta que aparezcan de verdad esos brotes verdes que sonaron años ha y hagan efecto las encomiables y constructivas medidas de nuestros políticos. Sé que ellos están preocupados por nosotros, por el déficit democrático, por la debilidad de la profesión periodística, por nuestras condiciones laborales, por la verdad… lo sé, lo sé. El señor Wert va a recuperar la cultura del esfuerzo y va a optimizar nuestro sistema educativo, lo sé. Rajoy se mirará en el espejo de Fraga y nos hará una ley de prensa de la hostia, lo sé. Y van a dotar al Colegio Andaluz de Periodistas de un presupuesto notable que nos permita mejorar la situación del sector, lo sé. Van a dar más libertad a los medios públicos y van a ser más democráticos en la elección de sus consejos, lo sé. No van a permitir la desprotección de periodistas sin contrato ni derechos al servicio de empresarios que declaran pérdidas y preparan despidos mientras se enriquecen, lo sé. Además, ahora llega la Eurocopa y la ganaremos, lo sé, y los Juegos Olímpicos serán un éxito y pronto se traerán a Madrid, lo sé, todo será un éxito ya veréis, y si las medidas de nuestros dirigentes no funcionan veréis como se arregla todo solo, esto no puede durar mucho más, hay que ser positivos… Si es que me parecía injusto el sistema de remuneraciones pero eso fue porque no era consciente de que tenemos a los mejores trabajando para nosotros y no lo comprendía todo…

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One Comment en “Diario de un joven periodista (día 1.704)”

  1. Miguel Ibáñez Says:

    Yo cambiaría el título por : Diario de un joven PERIODISTA


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