Argentina (II): Buenos Aires

Pese a las hostilidades que políticos y empresarios pretenden despertar entre ciudadanos argentinos y españoles con el reciente asunto de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, el pueblo che ha sido, es y será un excelente anfitrión para sus inmigrantes y visitantes, entre los que los españoles siempre han destacado. Su capital, Buenos Aires, es su signo de identidad más internacional. La historia de Argentina, su cultura y distinguido arte, su gastronomía y todo el encanto de las gentes de esta singular nación pueden contemplarse a borbotones desde la ciudad porteña que mira al estuario del Río de la Plata.

Una vez que nuestro avión toma tierra en el modernizado aeropuerto de Ezeiza y carretea por sus pistas, una vez que recibimos el primer ¿cómo va?, una vez que nos regalan una amplia sonrisa, sabemos que estamos en La Argentina. Después de atravesar inmensas autopistas cargadas de autos y pasar junto al gran Obelisco que es signo del pasado y de modernidad, desembocamos en la Plaza de Mayo. En estos pocos metros cuadrados confluyen muchas grandes avenidas, pero también, algunos de los símbolos y momentos históricos más relevantes de la historia del país. Sitio fundacional, sede del gobierno, lugar de luchas y celebraciones y cruce de caminos hacia los grandes atractivos de la ciudad.

La identidad argentina es una amalgama de sabores y saberes. Nación ecléctica como ninguna en el sur americano, tras años de colonización española proclamaron en el árido norte tucumano, allá por 1816, la ansiada independencia bajo el liderazgo de San Martín, criollo de origen español. Imprescindibles fueron también el almirante Brown, el ideólogo Belgrano, Roca y muchos otros. Atrás cayeron muchos gauchos, muchos Martín Fierro y muchos indios, mucho dolor para alcanzar un respiro de libertad y autonomía.

Pero hablar de la historia argentina es hablar del tango, el signo musical de todo porteño. Defenestrado en sus inicios, el período pro-francés (1880-1930 circa) fue fundamental para su desarrollo y ascenso social. Cuando el tango es aclamado en París varía radicalmente su imagen en Argentina, donde pasó a ser considerado una manifestación artística y cultural de primer orden en lugar de un divertimento pendenciero. Los barrios de San Telmo y Boca, los barrios pobres del sur donde viven las clases populares son la raíz de esta sensual y espectacular música. Caminando por la calle Defensa desde Plaza de Mayo los jóvenes remilgados del norte acudían a las salas clandestinas del sur en busca de diversión. Paseando hoy por esas calles es posible seguir viendo a gallegos, tanos y rusos, sus descendientes gestionan ahora negocios orientados principalmente al turismo y el ocio. Hace mucho que el baile del tango dejó de ser un placer reservado a prostitutas y ahora las academias de tango afloran en las calles de San Telmo.

Siguiendo hacia el sur, bien a través de las viejas calles porteñas, bien siguiendo la ribera del Río de la Plata por sus vetustos muelles, llegamos al barrio de La Boca, llamado así por estar situado al inicio de la desembocadura del río platense. Atisbamos los primeros conventillos o casuchas de chapa y madera, que nos recuerdan que estamos en un barrio popular, fundado por inmigrantes europeos. Los colores, sabores y sonidos de Caminito son la nota simpática de este rincón abandonado por las autoridades y explotado como parque temático. Entre sus atractivos: conocer el templo futbolístico que es la Bombonera, apreciar el estilo quiqueliano en sus casas y pinturas, degustar el chorizo criollo o adquirir algunas remeras cancheras del equipo del Diego.

A Boca no llega el subte o metro, así que para seguir conociendo la ciudad seguiremos sobre tierra firme. Al otro lado de la misma, en el norte como siempre, está el lujo. El aeropuerto Jorge Newbery, la Universidad, Palermo… es éste un lugar especial para pasear, tomar algo o visitar bares y tiendas con un aire joven y original. Pero si hay un espacio en Buenos Aires erigido como símbolo de modernidad es Puerto Madero. Esta reformada zona portuaria cuenta con los restaurantes, edificios, casinos e infraestructuras más avanzadas del país.

Argentina, una nación que ama y honra a sus ídolos, que siente su historia y regala su conocimiento. Su carne, donde no se incluye el pollo, su mate, su Evita y su Diego, su San Martín y su Perón, su Gardel, su Borges, su Sábato o su Cortázar. Caminar por las cuadras de Buenos Aires es adentrarse en un mundo de literatura, de cómics, de cuentos que puedes admirar desde la biblioteca de El Ateneo, en el café Tortoni o entrando en los centenares de librerías y cafés situados en las veredas de sus grandes avenidas ahogadas por el tránsito y el ritmo de una ciudad en crecimiento.

El ajetreo de la capital es espectacular, el acento de su habla nos embruja y su arraigado patriotismo nos deslumbra. Aquí están la mayoría de los chés, de aquí son o aquí llegaron y acá se hicieron, y de aquí parten la mayoría de los argentinos. Fuera de la gran urbe hay un extenso país de maravillas naturales y de gentes conocidos y por conocer. Hacía el norte la húmeda selva amazónica con encantos inéditos o las esculpidas montañas cerca de Bolivia y Chile. Hacia el sur la ruta 3, un camino que conduce al fin del mundo, pero que bello final.

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