Grupo 7

Este particular wild bunch no está formado por siete magníficos ni mucho menos por siete vírgenes. Como Brian de Palma, Alberto Rodríguez elige a cuatro intocables agentes de policía que se encargarán de limpiar la basura de las calles del centro de Sevilla antes de la Expo de 1992. Un filme lleno de acción y ritmo donde todo vale para estos polis sin freno. Persecuciones, redadas, drogas y violencia, marcarán la rutina de este particular grupo que camina al borde del precipicio.

Grupo 7. Thriller, España, 2012, 98 min. Dirección: Alberto Rodríguez. Guión: A. Rodríguez, Rafael Cobos. Fotografía: Álex Catalán. Música: Julio de la Rosa. Intérpretes: Mario Casas, Antonio de la Torre, José Manuel Poga, Joaquín Núñez, Inma Cuesta, Julián Villagrán, Estefanía de los Santos.

Con Grupo 7 el cine español actual reincide, y con acierto, en la senda del thriller marcada con títulos como Celda 211 o No habrá paz para los malvados, con policías habituados a emplear métodos cuestionables o fuera de la ley. Nos referimos a Ángel (Mario Casas), Rafael (Antonio de la Torre), Miguel (José Manuel Poga) y Mateo (Joaquín Núñez), personajes con roles complementarios que quedarán ágilmente descritos desde el principio. El admirable trabajo interpretativo de estos actores se enmarca en el escenario urbano de la Sevilla de los finales años 80. El castizo y contradictorio espacio sevillano funciona también como alegoría de unos sujetos, tiernos y agresivos, divertidos y malhumorados, y de una sociedad, que exige limpieza y critica al basurero.

Es una historia de hombres donde las mujeres, en sus papeles de drogadicta, puta, amante y esposa ejemplar, pero en cualquier caso débil y desamparada, ayudan a definir las fortalezas y flaquezas de los miembros del grupo siete. Buenos trabajos de Estefanía de los Santos (Caoba) e Inma Cuesta (Elena), a quien este papel queda pequeño después de su labor en La voz dormida. Pero el verdadero punto fuerte la cinta es el adecuado empleo de la cámara y la gran realización del director andaluz. Redadas realistas, persecuciones interesantes y enfrentamientos tensos que crean una atmósfera atractiva con un ritmo trepidante durante toda la película, acompañado de un acertado montaje y una correcta ambientación musical.

Junto a las dosis de adrenalina, Alberto Rodríguez y Rafael Cobos, apuestan por un guión dramático sobre las vidas personales del grupo siete. Pese a la buena interpretación de éstos y el buen dibujo de sus perfiles, es en la justificación de las acciones de estos personajes donde el texto flaquea. “¿Pero ustedes qué es lo que quieren?”, les pregunta el comisario en una ocasión. Esa es realmente la cuestión, por qué estos policías se enfangan hasta el cuello, cuáles son sus motivaciones. En este sentido es destacable la evolución de Ángel y Rafael durante la trama. Tras la primera exhibición de violencia de Rafael le toca el turno a Ángel y éste termina diciendo: “no iba a darle, no soy como vosotros”. En ese momento, Casas y de la Torre recuerdan a E. Hawke y D. Washington en Training day, sin embargo, debido a la ambición en uno y al amor en otro, sus posiciones se irán aproximando hasta coincidir en un mismo punto. Jugarán una partida de dardos entre amigos, si es que la amistad tiene lugar en el inframundo en el que se desenvuelven estos policías. “Mis amigos están muertos” dice Joaquín, el yonqui magistralmente interpretado por Julián Villagrán, quien a su vez se autodenomina Inmortal, como inmortal es lo que representa su personaje: dolor, exclusión y desamparo.

Al final, el Grupo 7 se creerá invencible y todopoderoso, la tensión aumenta y la violencia degenerará en más violencia. Cuando todo apunta a una sesión de ok corral tendrá lugar una humillante escena al estilo de Looking for Eric que funcionará como acicate para un desenlace final en el que ya no habrá diana ni dardos que lanzar.

Además de los mencionados, son muchos los títulos y los realizadores que nos vienen a la cabeza al visionar Grupo 7, por ejemplo, French Connection o Los hombres de Harrelson. Como todas las películas, este trabajo de Alberto Rodríguez está construido pulcramente de retales de otras obras. Lo importante es, que además de cumplir con las pautas del género, se logre una buena producción. Grupo 7 consigue ambos objetivos y, sin ser la peli del año, es un nuevo logro para la maltrecha industria cinematográfica española, al margen del bombo y platillo de su promoción y de sus reclamos populares.

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