Argentina (I): El Calafate

La historia de los pueblos gira siempre en torno a sus medios de producción. Ríos, bosques, peces, minerales… determinan que lugares serán habitados. La inmensa Argentina es un claro ejemplo de la conexión entre el hombre y su entorno. Después de cruzar centenares de kilómetros de estepa patagónica en busca del sur, en la ribera meridional del Lago Argentino nos topamos con El Calafate, un pueblo en apariencia vulgar y similar a otros si no fuera porque es la puerta de acceso a uno de los lugares más bellos del planeta, el Parque Nacional de los Glaciares.


Situado en una encrucijada natural de paisajes, en El Calafate confluyen estampas variadas como el desierto, la estepa y el extenso Lago Argentino con la cordillera de Los Andes al fondo. Un paraje único y emblemático que goza el privilegio de ser la última posada antes de conocer joyas eternas como los glaciares Perito Moreno o Upsala.


A sólo un par de millas del centro del pueblo encontramos el viejo aeropuerto, ahora reconvertido en distrito para hoteles y residencias. La antigua pista de aterrizaje conserva su pavimento y al conducir sobre ella se tiene la sensación de estar a punto de despegar, de estar carreteando como dicen por estos lares.


La vegetación de la zona está dominada por los aquí célebres coirones, unos pequeños arbustos que otorgan a este espacio una atmósfera típica del cine de western. No en vano, los lugareños afirman que hasta aquí llegó el prófugo Butch Cassidy. Realidad o leyenda, dirigir la mirada a cualquiera de las esquinas del horizonte de El Calafate es un remanso de paz y un viaje a otros tiempos.


(Para ver más fotos del glaciar Perito Moreno pulsa aquí.)

Indígenas Aonikenk ocupaban estos terrenos hasta que el gobierno argentino decidió fijar población en estas latitudes y fundó el pueblo en 1927. No obstante, no se logró una población notable hasta hace sólo unos años. Así nos lo cuenta Damián, un vecino del pueblo aunque oriundo de San Juan: “Yo llegué hace diez años. Entonces había poco más de tres mil personas viviendo acá, ahora somos 18000 y todos vivimos del turismo, prácticamente nadie es de El Calafate, algunos ya nacieron acá pero este es un pueblo de emigrantes”.


Damián tiene razón, aquí se respira un trasiego de personas similar al de un aeropuerto. Caminando por sus calles es fácil reconocer a turistas, descubrir cadenas de comida rápida, ver tiendas de souvenir o agencias de viajes. Pero hay algo que distingue a este rincón de un típico sightseeing, la posibilidad de mezclarte con una naturaleza envolvente, solemne e incluso mística. Alrededor del poblado es posible relajarse observando bandadas de flamencos, cabalgando entre suaves colinas tímidamente interrumpidas por estancias donde trabajan los paisanos, o contemplando los cascotes de hielo que el viento arrastra hasta la ribera del lago provenientes de los grandes glaciares.


El Calafate es un refugio del pasado, una ventana a tiempos remotos a través de un espacio único. Caminar sobre el hielo glaciar es entrar en contacto con el paso de los siglos, masas de agua pacientemente empujadas sobre el lago hasta fundirse con la superficie terrestre.


Azules imposibles, reflejos increíbles, estruendosas explosiones o desprendimientos sobrecogedores son algunos de los regalos del Perito Moreno. Tomarte un whisky y un típico alfajor sobre sus picos es un final perfecto tras un duro trekking, una variante del clásico senderismo de montaña con un calzado un tanto peculiar.


Pero no sólo de experiencias místicas vive el hombre. La cocina argentina es muy celebrada entre los buenos amantes de la carne y en El Calafate hay rincones magníficos para saborear los mejores cortes. El restaurante La Tablita es el sitio de más solera en el pueblo y desde 1968 se encarga de honrar la fama universal del cordero patagónico. Ahora no cabe la tan oída pregunta de por aquí ¿carne o pollo? Carne por favor, y traiga también una buena botella de malbec para poder decir eso que ustedes dicen: ¡está bueníííísssssiiiimooo!

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3 comentarios en “Argentina (I): El Calafate”

  1. Robin Jú Says:

    Que pasada. Yo quiero ir!!!!!. Me ha encantado esta entrada. Un abrazo

  2. Migue Ibáñez Says:

    Un verdadero descubrimiento este blog. Posts cada día mejores y un periodista que va a más.


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